EN EL NOMBRE DE LA VIRTUD Y LA RAZÓN

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En el año 1797, tras la ofensiva de Napoleón, la república de los dogos se desintegra. Venecia ocupada por tropas extranjeras pretende conservar la amable existencia de la que siempre disfrutó; sin embargo la ciudad de las lagunas es cedida a los Habsburgo, cuya hostilidad a la Revolución justifica un atroz saqueo galo. De los muelles de la Senerísima parte un convoy con tesoros artísticos que se reúne con las obras de la Antigüedad provenientes de los Estados Pontificios. Se trata de un fantástico botín con destino París. El teniente Johannot, un oficial emocionalmente vinculado al frívolo ambiente que instauró la reina María Antonieta en Versalles, querido y admirado por la tropa de san-culottes del ejército de Italia, se contagia desde el primer día de la ocupación del modo de vida veneciano ?entonces como hoy vinculado a embarcaciones que entrelazan islas y palacios? y, pese a no pestañear ante la indignación de órdenes monásticas despojadas de sus telas maestras, custodiará con afecto y en nombre de Venecia, dichas obras hasta la Francia del directorio.

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Información adicional

Editorial

Autor

Subtítulo

El fantástico viaje de las obras de la Antigüedad a París

Edición

1

Encuadernación

Rústica con solapas

Formato

15 x 22

ISBN

9788418073120

Páginas

658

Colección

Idioma

IBIC

FV

Temática

Info Autor

Nacido en Llíria, capital de la comarca del Turia. Vive entre el día y la noche, en tecnicolor, ora al raso, ora bajo techumbre. Trabaja y ya que trabaja le gustaría desempeñar muchas profesiones: heladero, cerrajero, contable o cantante con discos de oro? No lo ha conseguido. Imposible ser virtuoso del trombón de varas, domador de caballos, camarlengo del Santo Padre o camionero en una única vida. Imposible pese a que dichos oficios se adquieren con cuerpos humanos semejantes. Le educaron para elegir un oficio, no para ejercerlos todos. Quizás por eso le gusta tanto el papel celo: capaz de ocupar cualquier posición. O los tendones, bandas de un tejido cuya facilidad para adaptarse al ser vivo es semejante a la de las pretinas que ciñen el abdomen y que, entre otras uniones, conectan los músculos extensores de los pies con cinco huesudos muñequitos que le permiten moverse entre esos otros individuos cuyas profesiones codicia.