EL PRADO DE LAS DELICIAS

15,19


¿Marmotas? ¡Claro, todo el mundo las conoce! Incluso en Punxsutawney, un rincón de Estados Unidos, dedican un día solo para ellas. Pero las marmotas de este libro, habitantes del prado de las delicias, no tienen nada que ver con esas. Estas hablan perfectamente nuestro idioma, preparan exquisitos licores de nueces y miel, elaboran excelentes mermeladas caseras y extraordinarios dulces que comparten en sus frecuentes y ruidosas fiestas, donde tocan instrumentos musicales y cantan y bailan bajo la atenta mirada de la luna y las estrellas en las cálidas noches de verano. Estas marmotas son revoltosas, muy alegres, y pretenden mostrarnos su cultura, los hábitos y las costumbres que llevan practicando año tras año, de generación en generación, llevando a gala valores como el respeto, la amistad, el trabajo en equipo y la empatía.

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Información adicional

Peso 237,65 g
Editorial

Autor

Edición

1

Encuadernación

Rústica con solapas

Formato

15 x 22

ISBN

9788418683343

Páginas

152

Colección

Idioma

Fecha Publicación

15/11/2021

Temática

Info Autor

Nací en Terrassa, Barcelona. Por fortuna, viví toda mi infancia y adolescencia en Isil, un pueblecito de los Pirineos catalanes. Allí aprendí a conocer de cerca la naturaleza y me di cuenta de que podía observarla de maneras muy distintas. Como adulto, me enseñaron a diseccionar una planta: raíz, tallo, hoja, flor?, plantas a las que les ponen nombres en latín para su identificación y que, además, clasifican según sus múltiples características y siguiendo distintos criterios. Igual ocurre con los animales: vertebrados e invertebrados, mamíferos, anfibios, aves, reptiles, insectos?, bautizados con nombres en latín y, de nuevo, distintas clasificaciones según criterios diseñados por la ciencia. Pero, como niño, descubrí que una flor estornuda cuando el viento la estremece, que la que está a su lado dice «¡Jesús!» y una tercera añade «Vaya, ya te has resfriado», que un ratón con gafas y una bufanda alrededor del cuello, que lleva el periódico en una mano y en la otra una maleta, se dirige a mí para preguntarme «¿Puede indicarme dónde queda la estación de autobuses?». En ese momento comprendí que estaba capacitado para ver las cosas desde otra perspectiva mucho más rica, que podía interactuar con la naturaleza de una forma más directa y viva, en definitiva, que estaba preparado para escribir cuentos infantiles.

País Autor:

España